Roble y vino, un idilio de amor.

Muchos de los secretos que contiene el vino se concentra en su estrecha relación con la madera, y esto ocurre mientras se cumple el tiempo de maceración. Los vinos ribera del Duero son reconocidos precisamente por conservarse en barricas de roble americano o francés, y entregar todo su ser al aroma y el sabor.

El arte de elaborar esta bebida en España data de tiempos medievales, al menos en Castilla, donde ha tenido un gran auge. De ese legado aprendimos y conservamos la mística y la pasión de los antepasados que se distinguieron por almacenar la botellas en las bodegas subterráneas llamadas Torremorón.

Idilio de sabores

El amor busca no solo una promesa, sino cumplirse plenamente en sus demostraciones. De manera que tenemos a la mano un brebaje que desborda juventud, pero también el esplendor de un Gran Reserva. Estas características denotan su Denominación de Origen Ribera del Duero, un señalamiento ineludible de su calidad.

Los artesanos dedicados a la elaboración del producto en las Bodegas Torremorón se proponen impresionar sensorialmente a los paladares, acentuando la sutileza de los sabores, más allá de la simple sensación química, física y biológica.

Los sentidos se iluminan por las siguientes razones:

  • Al descubrir la untuosidad.
  • Cuando se precisa el brillo.
  • Por la aspereza del trago.

Todas y cada una de estas propiedades provocan una fiesta de la sensualidad. En este orden, un análisis organoléptico viene a ser el método que da cuenta de esa unión idílica que se origina precisamente en una barrica de roble.

Historia de amor y roble

En efecto, el vino encontró en la materia del roble la relación perfecta para lograr convertirse en un producto sublime. El papel que desarrolla este tipo de madera en el proceso de vinificación es histórico y data de tiempos que involucran a los pueblos celtas, a los griegos y romanos.

En estas barricas continuó forjándose el relato sobre su resistibilidad y la forma práctica de manipularlo y proceder a su conservación. Pero no solo la relación permite todo lo anteriormente dicho, sino que también lo afina y mejora su calidad.

Atributos de una pasión

Uno de los principales atributos del roble es que tiene la capacidad de darle modificaciones favorables a las características que subyacen en el vino. A ello se une una parte mecánica que impermeabiliza los gases y los líquidos que emanan de su elaboración, lo que impide que pueda corromperse su composición.

El roble concede esa complejidad latente en el cuerpo del trago. Le confiere sabor y aroma, por lo que los paladares se contagian de recuerdos que acuden recubiertos de encantadoras especies.

Escoger el roble

Según informes botánicos, existen más de 250 categorías de robles. Sin embargo, para lograr los resultados deseados por la tonelería destacan el roble francés y el blanco americano. Ambos se utilizan frecuentemente para el proceso de producir una bebida de calidad.

  • Roble francés: la madera es tratada con un corte especial que sigue la línea de los radios medulares, que son los encargados de movilizar la savia a través del árbol. Este material le  proporciona al vino aromas suaves donde se junta el sabor a vainilla, especialmente.
  • Roble americano: la madera se corta con una sierra sin tomar en cuenta la disposición de los radios. Ofrece un sabor y aroma a resina.

 

Elegir el tipo de roble es una decisión de gran valor en la trascendencia de una bodega

 

Amores de roble

Los conocedores, que han vivido de elaborar vinos en la ribera del Duero, reconocen que esta madera tiende a suavizar su textura, hasta llegar a estabilizarlo. A esto se suma una sensación agradable que se eleva en forma redonda en la boca, producto de la polimerización de los taninos.

La magia que propone el roble está plena de sabores y aromas muy originales y diversos. Es por eso que hace posible identificarle algo de chocolate y coco, vainilla, tabaco y café, o caramelo ahumado.

Estos amores entre el roble y el vino expresan las transformaciones que concurren en su cuerpo y que obedecen a una naturaleza fisicoquímica, que conforma un estado ideal y su influencia para que se cumpla el proceso de conservación y envejecimiento.

En las barricas de roble se lleva a cabo la etapa cumbre de una bebida que aspira a la calidad y cuya misión es hacer felices a los paladares, no solo de los catadores locales sino también de los que conviven en el espacio global, donde la bodega ha sembrado sustanciosos éxitos con los vinos ribera del Duero.